domingo, 7 de febrero de 2010
No entiendo
¡putas!
¡a qué putas, con qué putas!
en qué momento mi vida:
algo suicida, espesa, intranquila,
se ha vuelto un pedazo de papel.
lunes, 4 de enero de 2010
GGG
“El mejor regalo de cumpleaños que me han dado, fue el día en que recibí galletas empacadas en papeles brillantes de seda”
He tomado una difícil decisión, probablemente sea un absurdo. Pero he decidido abandonar las galletas: las de vainilla, las inglesas, las acarameladas con coco, las que se bañan en azúcar pulverizada, las horneadas y doritas, e incluso, hasta las que estrellan pequeños bloquecitos de queso en su cubierta. Me he dicho que es un duelo difícil, que sólo recordar cómo se desprenden en mi lengua, y se deshacen empapadas por mi saliva, me revienta el estómago de desconsuelo. No puedo mentirme, las adoro, las gozo, hasta las insulto y las perdono toda vez que se han hecho tristes y viejas por el tiempo; las profano con café helado o caliente, con té, con agua, al medio día, en la tarde, en la madrugada…. Sin embargo, voy a dejarlas para no olvidar que ha sido lo único que no te has llevado de mí. Pero no te preocupes, no tienes que devolver nada.
sábado, 26 de diciembre de 2009
presente
ni amigos, ni familiares.
No somos nada de eso.
No somos cantantes de música nacional,
no somos cuerdas estridentes de guitarras viejas,
no somos charcos opacos de agua,
tampoco somos fragancias de sudor.
No somos nada de eso.
Somos brisas fugases abandonadas a la intemperie,
somos un pedazo de recuerdo que no se quiere olvidar,
un pedazo de recuerdo vetusto que vaga por ahí,
en sigilosa melancolía.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Vacaciones
con tus maletas en la mano, habría dejado el pasador de la puerta abierta,
aquel que no deja que los ladrones nocturnos se roben lo poco que tengo de ti,
lo hubiera dejado abierto, a riegos de perder la servilleta del último café que tomamos.
Me hubiera bastado con mirar que en tú mano tenías tu impecable maleta violeta,
y que llegaste hasta el borde de la esquina del apartamento, pero ahora estoy de vacaciones,
Vuelve otro día.
El anónimo
Debo insistir en permitir palabras maltrechas
sobre lo correcto y adecuado,
debo insistir en no dejar que las letras se mueran,
por la falta de los minutos que se cuelgan voraces
a los relojes, y que salen en picada a comerse las horas.
Debo insistir en no olvidar que aún me muerde
el estómago, pero que lo acallo en muchas ocasiones
para no delatar mis secretos.
Debo insistir en qué existo, y que no soy un instante de tiempo,
debo insistir en trepanar los libros polvorientos,
y la vulgaridad aparente de la calle.
Pero también debo insistir en que me dejas sin palabras.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
ciudad
su andar unos con otros, por llegar temprano al trabajo o la casa.
Hay días en que huele a lluvia, a humedad de arenilla, a pino,
de ese que da vuelticas en una varilla metálica una y otra vez.
Hay lugares que puede llegar a oler a palo santo, a incienso,
incluso hay quienes afirman que huele a Hippie.
Pero si camino un poco más, aquel incienso rebota,
y se transforma en maní tostado con algo de caramelo.
¡Qué Extraño todo eso!
que me penetra en la nariz el olor a caño,
a humedal infecto por aguas sucias, a frigorífico de animales muertos,
a meado dejado en una pared o callejón.
No obstante también puede oler a flores,
a primavera, a jardines reposados, a cannabis, a pan
me hace olvidar donde vivo.
lunes, 31 de agosto de 2009
Otro día más.
Hoy abrí los ojos, desperté entre centelleas de luz,
dicen algunos que la mañana fue clara.
El llano se había posado en mis ojos, su belleza era inquebrantable.
El sol yacía en mi espalda, la sabana parecía un arrebol más,
sin embargo la muerte había de rondar otra vez,
estupidez por lo ajeno no lo sé.
El indio hecho exótico fue muerto, vilmente silenciado.
La pólvora dejó rastro en su cuerpo.
Las balas se estrellaron contra su familia,
y otros más, éstas quedaron hundidas en su humanidad,
cada centímetro de sus órganos y de su carne lentamente palidecieron.
La sangre escandalosamente corrió sobre el campo y la tierra.
Los ojos de su ejecutor pudor y respeto no sintieron, pero quizás sí lo hicieron
y se santiguaron para poder hacer su honrosa tarea.
Mentiras contagiosas van a salir,
la justicia inerme y sus juglares “dirán la verdad”.
El llanto sólo será un espectáculo más,
Y mientras tanto los más “dignos hombres”
de vino y tabacos sólo van a hablar.
