lunes, 4 de enero de 2010

GGG

“El mejor regalo de cumpleaños que me han dado, fue el día en que recibí galletas empacadas en papeles brillantes de seda”


He tomado una difícil decisión, probablemente sea un absurdo. Pero he decidido abandonar las galletas: las de vainilla, las inglesas, las acarameladas con coco, las que se bañan en azúcar pulverizada, las horneadas y doritas, e incluso, hasta las que estrellan pequeños bloquecitos de queso en su cubierta. Me he dicho que es un duelo difícil, que sólo recordar cómo se desprenden en mi lengua, y se deshacen empapadas por mi saliva, me revienta el estómago de desconsuelo. No puedo mentirme, las adoro, las gozo, hasta las insulto y las perdono toda vez que se han hecho tristes y viejas por el tiempo; las profano con café helado o caliente, con té, con agua, al medio día, en la tarde, en la madrugada…. Sin embargo, voy a dejarlas para no olvidar que ha sido lo único que no te has llevado de mí. Pero no te preocupes, no tienes que devolver nada.

sábado, 26 de diciembre de 2009

presente

No somos dos enemigos,
ni amigos, ni familiares.
No somos nada de eso.
No somos cantantes de música nacional,
no somos cuerdas estridentes de guitarras viejas,
no somos charcos opacos de agua,
tampoco somos fragancias de sudor.
No somos nada de eso.
Somos brisas fugases abandonadas a la intemperie,
somos un pedazo de recuerdo que no se quiere olvidar,
un pedazo de recuerdo vetusto que vaga por ahí,
en sigilosa melancolía.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Vacaciones

Si me hubieran dicho que ibas a llegar aquel día de diciembre
con tus maletas en la mano, habría dejado el pasador de la puerta abierta,
aquel que no deja que los ladrones nocturnos se roben lo poco que tengo de ti,
lo hubiera dejado abierto, a riegos de perder la servilleta del último café que tomamos.
Me hubiera bastado con mirar que en tú mano tenías tu impecable maleta violeta,
y que llegaste hasta el borde de la esquina del apartamento, pero ahora estoy de vacaciones,
Vuelve otro día.

El anónimo

Debo insistir en permitir palabras maltrechas
sobre lo correcto y adecuado,
debo insistir en no dejar que las letras se mueran,
por la falta de los minutos que se cuelgan voraces
a los relojes, y que salen en picada a comerse las horas.
Debo insistir en no olvidar que aún me muerde
el estómago, pero que lo acallo en muchas ocasiones
para no delatar mis secretos.
Debo insistir en qué existo, y que no soy un instante de tiempo,
debo insistir en trepanar los libros polvorientos,
y la vulgaridad aparente de la calle.
Pero también debo insistir en que me dejas sin palabras.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

ciudad

La ciudad me dice cosas al oído, pero a ratos olvido a que huele.
En instantes pienso que olvidamos su sabor,
recordamos la fragancia del campo,
pero olvidamos la de la gran urbe.
Hay días que miro los huecos del pavimento rasgado por los piecitos de las palomas y de las "irritantes" ratitas de las alcantarillas,
incluso miro y olfateo el humo del centenar de carros que estropean
su andar unos con otros, por llegar temprano al trabajo o la casa.
Hay días en que huele a lluvia, a humedad de arenilla, a pino,
incluso hay lugares en que huele a pollo,
de ese que da vuelticas en una varilla metálica una y otra vez.
Hay lugares que puede llegar a oler a palo santo, a incienso,
de ese que venden en las galerías y pasajes del centro;
incluso hay quienes afirman que huele a Hippie.
Pero si camino un poco más, aquel incienso rebota,
y se transforma en maní tostado con algo de caramelo.
¡Qué Extraño todo eso!
Siendo desafortunado hay veces
que me penetra en la nariz el olor a caño,
a humedal infecto por aguas sucias, a frigorífico de animales muertos,
a meado dejado en una pared o callejón.
No obstante también puede oler a flores,
a primavera, a jardines reposados, a cannabis, a pan
recién horneado.
Nuevamente, ¡qué extraño todo eso!
y pensar que esa rara celeridad del día,
me hace olvidar donde vivo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Otro día más.

Hoy abrí los ojos, desperté entre centelleas de luz,
dicen algunos que la mañana fue clara.
El llano se había posado en mis ojos, su belleza era inquebrantable.
El sol yacía en mi espalda, la sabana parecía un arrebol más,
sin embargo la muerte había de rondar otra vez,
estupidez por lo ajeno no lo sé.

El indio hecho exótico fue muerto, vilmente silenciado.
La pólvora dejó rastro en su cuerpo.
Las balas se estrellaron contra su familia,
y otros más, éstas quedaron hundidas en su humanidad,
cada centímetro de sus órganos y de su carne lentamente palidecieron.

La sangre escandalosamente corrió sobre el campo y la tierra.
Los ojos de su ejecutor pudor y respeto no sintieron, pero quizás sí lo hicieron
y se santiguaron para poder hacer su honrosa tarea.

Mentiras contagiosas van a salir,
la justicia inerme y sus juglares “dirán la verdad”.
El llanto sólo será un espectáculo más,
Y mientras tanto los más “dignos hombres”
de vino y tabacos sólo van a hablar.

jueves, 30 de julio de 2009

Recuerdos.

Déjame pedirte un recuerdo.
Déjame pedirte un recuerdo.
Déjame pedirte un recuerdo de esos
que sólo tú sabes dar, de aquellos
que se guardan en la memoria;
dame un recuerdo de tus manos, de
la fragancia de almendras y vainilla
de tus carnes.

Dame un recuerdo de tú casa, de tú vida,
uno sólo que me permita recordarte,
así sea uno de tú indecente risa.
Déjame pedirte un recuerdo
del santiguar que no haces
o de las lágrimas que ya “no
salen” en Trujillo
porque ya no hay nadie,
y se ha olvidado todo.