su andar unos con otros, por llegar temprano al trabajo o la casa.
Hay días en que huele a lluvia, a humedad de arenilla, a pino,
de ese que da vuelticas en una varilla metálica una y otra vez.
Hay lugares que puede llegar a oler a palo santo, a incienso,
incluso hay quienes afirman que huele a Hippie.
Pero si camino un poco más, aquel incienso rebota,
y se transforma en maní tostado con algo de caramelo.
¡Qué Extraño todo eso!
que me penetra en la nariz el olor a caño,
a humedal infecto por aguas sucias, a frigorífico de animales muertos,
a meado dejado en una pared o callejón.
No obstante también puede oler a flores,
a primavera, a jardines reposados, a cannabis, a pan
me hace olvidar donde vivo.
